18.1.10

L'esquerra necessària

Aquest és l'article que vaig escriure a petició dels companys de Fuco Buxán, dels qui us he parlat en el post d'ahir. L'incloc al blog, però us recomano buscar la revista sencera a la web de l'associació. Hi trobareu articles de Santiago Carrillo, Ignacio Fernández Toxo i Mohamed Safa, entre d'altres.


LA IZQUIERDA NECESARIA

Accelerare l’avvenire. Questo è il bisogno più sentito nella massa socialista. Antonio GRAMSCI

La izquierda es necesaria, en el más completo sentido de la palabra. Sólo la izquierda puede acelerar el futuro, esa necesidad más sentida por las masas socialistas, según afirmó Gramsci.

Temo que en relación con este tema sea necesario enunciar alguna obviedad, por lo que solicito disculpas, aunque en alguna ocasión ciertas obviedades hayan caído en tal grado de olvido, que su enunciación reiterada sea también necesaria.

La política es, a mi modo de ver, un prerrequisito indispensable para la existencia de la izquierda.

La política, entendida como la organización de la preocupación de cada persona por la cosa pública, de la formación de una opinión sobre la misma y de la acción en tal cosa pública, es connatural a la vida en sociedad, y las tendencias observables en la actualidad, la moda intelectual en absoluto inocente, de pronunciarse en contra de la política son las que van en contra de las necesidades de la sociedad, son las que pretenden fragmentar, desarticular e individualizar a los ciudadanos para convertirlos en meros individuos incapaces de oponer su voluntad, necesariamente colectiva, a los designios de quienes tienen suficientes mecanismos de poder como para no necesitar la política.

La política, el decir a la gente que no está sola, el decirnos a nosotros mismos que no estamos solos, que podemos y debemos de preocuparnos los unos de los otros, de lo común, de lo social, de lo público, es la única arma que tenemos los ciudadanos en nuestras manos para evitar que nadie decida el futuro en nuestro nombre, que nadie decida por nosotros, y con el peligro más que evidente de que decida en contra nuestra.

Llegados a este punto la cuestión que se plantea es la de decidir qué política y para organizar qué tipo de sociedad.

Aquí aparece, sin duda alguna, la necesidad de la formulación de un proyecto de futuro, cuya aceleración se desea, lo que equivale a decir que hay que establecer que tipo de sociedad queremos construir y con qué medios.

Aparece ahora, de forma clara, la necesidad de la definición ideológica, lo que debemos de reafirmar frente a los que han decidido que se trata sólo de opciones técnicas, y que la ideología ha perdido su lugar en la sociedad.

Esa verdad avanzada en que se resume la utopía continúa ocupando un lugar clave, el lugar clave en realidad, en las formulaciones políticas.

No es la utopía que me interesa un modelo cerrado y de contenido único. Es, al contrario, una tendencia, una dirección y una manera de construir nuestro futuro común, de acelerar el futuro.

Se trata, en realidad, de la aspiración democrática hacia la mayor libertad, igualdad y solidaridad posible en la sociedad, asumiendo así los postulados básicos de la revolución política que, posiblemente, ha dejado en la sociedad la huella más profunda y duradera.

Se trata, aún hoy y en palabras de Léon Gambetta, de asumir que la auténtica democracia no es la que reconoce a los iguales, sino la que los crea, y tener por tanto claro que una democracia como ésta está aún por conseguir, y que, más que posiblemente, la tarea de la izquierda sea la profundización real de la democracia para conseguir la creación de los iguales.

Debemos de convencernos nosotros mismos, frente a todo el ambiente contrario, de que la realización de esas ideas de profundización democrática, de esas ideas de izquierda, de esas ideas socialistas es realmente posible.

Hay alternativa, es razonable y justa, y es posible construirla. Es, además, urgente hacerlo, puesto que el futuro va consolidándose intervengamos nosotros o no en su formulación y en la preparación concreta del mismo.

Es posible construir una alternativa al sistema económico y social capitalista, podemos dotarnos de estrategias para superarlo, pese a los que, con grave insulto para la razón, menosprecio de la inteligencia y desconocimiento de la historia, aseveran que no puede existir otra organización social y económica distinta de la actual. Se puede concebir y garantizar la independencia socioeconómica de toda persona, y por tanto su libertad y autonomía. Se puede empoderar a las personas para evitar la dominación y la explotación, con nuevas formas de producción y relación económica que permitan satisfacer las necesidades reales de forma autogestionaria y coordinada. Se puede atender a las necesidades de las personas sin que ello suponga la destrucción del medio ambiente ni la expoliación de los recursos naturales de las poblaciones menos desarrolladas. El camino hacia la democracia económica se puede recorrer, creándolo al mismo tiempo.

Podemos y debemos romper los mecanismos de dominación y explotación de las personas, por más sutiles y enmascarados que sean en la actualidad. Es posible superar la lógica del sistema capitalista.

Para todo ello es necesario un cambio en la correlación de fuerzas, y jamás se ha producido tal cambio sin una fuerza, o unas fuerzas, que conscientemente dieran el empujón necesario para su modificación, sin la que la transformación de la sociedad es imposible.

Esta tarea requiere la formulación de la utopía abierta, de proceso y camino, a la que me he referido antes y, desde luego, la convicción de que esta utopía es alcanzable. Es necesario usar todos los caudales de optimismo ontológico que nos caracterizan a los socialistas, convencidos como estamos que es posible ir a mejor, cambiar, transformar las relaciones sociales. Sin este convencimiento, si creyéramos que no se puede mejorar, seríamos conservadores, defenderíamos lo actual con uñas y dientes, para evitar su empeoramiento. No es nuestro caso. Nosotros tenemos confianza en la capacidad de las personas para liberarse por sí mismas, de forma organizada y colectiva, de toda opresión o explotación.

Debemos combatir la hegemonía actual del pensamiento conservador mediante la elaboración teórica de un discurso alternativo y mediante la plasmación de una cultura política de izquierda.

Las personas dispuestas a transitar el camino de la libertad con un pensamiento emancipador, ligado a un gesto de determinación conforman la izquierda que puede crear iguales, la izquierda que puede avanzar hacia la completa democratización de la vida social, política y económica.

Esta izquierda, que existe realmente y cuya concepción es compartida por muchas personas con independencia de su militancia o no en determinados partidos políticos, es la izquierda que puede acelerar el futuro. Es la izquierda necesaria.

(artículo publicado en el núm. 27 de "Razón socialista")

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