9.3.07

Marat - Sade


De la apelación a la conciencia al insulto a la inteligencia.

Quien encuentre mejor síntesis de lo que ha ocurrido desde la versión de "Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat, representada por el grupo teatral de la casa de salud de Charenton, bajo la dirección del Señor de Sade", de Peter Weis, que los que tenemos la suerte de haber estado en un estadio próximo a la vida inteligente en la temporada teatral 1968-1969 recordamos, hasta la que se representa en estos días en el Teatro María Guerrero de Madrid, está invitado a exponerla, y además, y por descontado, a un café.

Acudí, lo confieso, al María Guerrero impulsado principalmente por la nostalgia del ambiente que se había creado en el Poliorama de Barcelona, que logró que la inmensa mayoría de los que en aquel momento asistíamos a representaciones teatrales de cualquier clase o índole, pasáramos por la sala de la Rambla para escandalizarnos, confortarnos, soñar, despotricar, huir, aplaudir a rabiar, o cualquier otra cosa distinta a la aburrida indiferencia del "spleen". En la memoria de toda una generación quedó aquella representación como algo que marcó - en muy distintas medidas, en su mayoría bastante modestas - la vida personal de los que nos asombramos ante ella.

El viernes 2 de marzo de 2007, sentado en una butaca de platea del María Guerrero, me enfrenté a la primera "provocación" de la nueva versión del espectáculo. Créanme ustedes, era la siguiente: un actor que paraba penalties en una buena película y que ahora es más conocido por ejercer de "empleado de finca urbana" en una serie televisiva, fingía ser un asilado en una institución psiquiátrica trasladado para intervenir en la función, y preguntaba mansamente a los espectadores si alguien había visto a Esperanza Aguirre. Pues exactamente al mismo descriptible nivel se mantuvo toda la provocación intelectual y política de una obra esencialmente revolucionaria. Así pudimos asistir a digresiones sobre la abdicación de los monarcas y sus hijos - se nos aclaró (¡Gracias!) que se trataba de príncipes - , sobre la actuación de los militares en Afganistán, y sobre el "orden constitucional", que tenían - como es evidente - mucho menos peligro que cualquier observación sobre las obras de la M-30 o sobre las manifestaciones con banderas de San Andrés, pero que alguien pensó que serían de mucho efecto. Al menos de tanto efecto como la "modernez" de colocar una máquina de escribir de los años sesenta en la bañera de Marat.

Se nos obsequió también con una descontextualización (menuda palabreja) de lo más postmoderno respecto a la posición de Jacques Roux, ese comunista primitivo defensor del ejército como nación en armas, que logró no sólo su constitución, sino la proclamación de la república al día siguiente de la victoria del ejército popular francés contra los ejércitos mercenarios de los regímenes aristocráticos europeos.

Se dejó claro, mediante los intentos de ridiculización, la ignorancia profunda, espero que no incurable, sobre el concepto de nación surgido de la revolución.

Se pisoteó, en definitiva, todo lo que suponía la esencia de la obra, la reflexión crítica sobre la naturaleza humana y la naturaleza de la revolución, el impacto de las necesidades revolucionarias sobre la conducta humana, y de las necesidades humanas sobre la conducta revolucionaria. El asombro intelectual ante la necesidad de tomar partido y las consecuencias de tomarlo. La duda entre Marat y Sade y el temor de que, al final, sólo quede la tesis de la muerte.

En lugar de eso asistimos a la banalización de la duda, del impulso revolucionario, del compromiso político, de la propia humanidad. Allí donde la versión de 1968 - inolvidable Marsillach - provocaba con la mirada de los locos de Charenton, con el contacto físico imposible de rehusar, con la interrogación del espejo de la pupila de los locos, se intentaba ahora suplir la provocación con la pura anécdota - por favor, después de Bieito y de Carles Santos - para horror de damas del barrio de Salamanca de una Madre Superiora interpretada por un actor bajito de cabeza rapada, sodomizado en escena.

Se ha hecho el experimento: los espectadores de la versión de 1968, responden al estímulo de la voz "Marat-Sade" con la canción en que el pueblo exige a Marat la coherencia revolucionaria; los espectadores de la versión de 2007 ahogan una risita monjil para evocar la transgresión de hablar de Esperanza Aguirre.

Tenía razón el clásico. Cuando la historia se repite, la primera vez es en clave de tragedia, la segunda, de farsa.

(artículo publicado en laRepublica.es)

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3 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Ayer acudi a ver la obra en el maria guerro y totalmente indescrictible...


como decir, es impresionante una gran obra de teatro con gran critica y actores, sobretodo alberto san juan,qe sorprendia su actuacion.

en cuanto a la ultima frase de"Tenía razón el clásico. Cuando la historia se repite, la primera vez es en clave de tragedia, la segunda, de farsa." NO estoy nada de acuerdo ya que si has leiado algo de sade pues no se ajusta tanto, no es tan pornografia pero teniendo en cuenta que es un teatro publico no se puede esperar mas.


UNA GRAN OBRA, MUY INNOVADORA Y QUE NO ME CANSARIA NUNCA DE VERLA, ES TOTALMENTE IMPRESIONANTE Y LA RECOMIENDO TOTALMENTE!!

23/3/07 21:29  
Blogger Jordi Pedret dijo...

Querido anónimo:
He hecho una excepción, puesto que mi norma es no publicar nunca comentarios anónimos.
Creo que la discrepancia de criterios se debe a que no tuviste la suerte de ver el montaje de Marsillach de 1968.
Aquello sí que era una obra épica, en que se hablaba de cosas importantes, sin morcillas supuestamente alternativas sobre pequeños políticos actuales, sino con una visión de lo que es el conflicto revolucionario.
Esta es, a mi parecer, una demostración de cómo en teatro el mismo texto puede presentarse de formas tan diferentes, que llegan a ser contradictorias.
Recomiendo la lectura de la obra de Peter Weis, que se puede encontrar en el mismo teatro, sin necesidad de entrar a ver el montaje, al módico precio de 9 €.
¡Lástima que no vieras la versión de 1968!
Un abrazo,
A

24/3/07 09:51  
Anonymous Anónimo dijo...

Hola, yo fui a ver la obra y me decepcionó bastante. Debido a mi edad no he podido ver la de Marsillach, pero esta al menos me ha servido para conocer la obra de Peter Weiss. Por cierto, no vi que la vendieran dentro del María Guerrero, pero buscando en tiendas de segunda mano he encontrado una edición bastante curiosa que fue publicada tras las representaciones de Marsillach, y viene con algunas fotos. Creo que esa versión y el texto que vendían en el María Guerrero (que supongo que será el de la adaptación teatral) difieren de la obra original de Weiss, pero no he encontrado nada mejor.

22/4/07 11:45  

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