16.10.07

Situación de extrema placidez


Si tenemos en cuenta el número de fusilados, los muertos en los campos de trabajo y en los batallones disciplinarios, los encerrados en prisiones y los que dejaron atrás su tierra huyendo de la brutal, sanguinaria y despiadada represión franquista que no se limitó, ni mucho menos, al período de guerra y a la inmediata postguerra, no queda más remedio que reconocer que en la tierra desierta, en los penales y en los cementerios la situación era de extrema placidez, sólo comparable con la que reinaba en las fosas comunes donde se amontonaron los cadáveres de las víctimas de la parte de represión que prescindió del prurito de procurarse falsas formas jurídicas enmascaradoras de su radical ilegitimidad.

Plácida la emigración política y económica; plácidas y viviendo en perfecta normalidad las familias de los asesinados, de los detenidos, de los condenados a muerte, permutada por cadena perpetua, de los trabajadores forzosos.

La extrema placidez de la situación bajo el franquismo era el resultado directo de la negación de la democracia, del derecho, de la libertad, de la dignidad de las personas y de los pueblos.

Parece que esta placidez es la añora Jaime Mayor Oreja, que usa ese tipo de justificaciones en la entrevista publicada en La Voz de Galicia para negarse a condenar el franquismo.

Hay que agradecer a Mayor Oreja su sinceridad. Es bueno que sepamos, que todo el mundo sepa, cuál es el "pensamiento" sobre la dictadura franquista que proclama la cúpula del PP.

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