9.4.07

Treinta años después


En el tan lejano 1977 aquel Sábado aún era de Gloria, en la terminología oficial de la Iglesia Católica, que sólo muy tímidamente comenzaba a dejar de ser terminología oficial del Estado.

Al buscado amparo de una Semana Santa que ya empezaba a ser estrictamente vacacional, se produjo el hecho esperado e ineludible: la legalización del Partido Comunista de España.

Con ella se cumplía no sólo un acto de justicia, sino una condición indispensable para todo lo que vino después. Sin la posibilidad de juego político legal y en pie de igualdad de los comunistas, organizados en el Partido Comunista de España y en el Partit Socialista Unificat de Catalunya, no se daban las condiciones necesarias para el establecimiento de una democracia en España.

Los comunistas ostentaban entonces la representación política de una buena parte de la gente de izquierdas del país, igual como pasaron a ostentar tal representación en sede parlamentaria en las primeras legislaturas, en concreto en la Constituyente y en la I Legislatura ordinaria.

La representación política les venía dada por la indudable participación e influencia de sus organizaciones en la lucha antifranquista y en la reaparición de un movimiento obrero sindicalmente organizado.

Esto es algo que todos debemos de reconocer, incluso aquellos que - como es mi caso - jamás militamos en ninguna organización comunista, y desarrollamos desde los primeros años 70 nuestra contribución a la lucha desde organizaciones socialistas.

El PCE era importante, su contribución lo fue también, y la legalización del mismo, que pasó ya no de la clandestinidad, sino de la simple ilegalidad a la actuación a plena luz, fue imprescindible para la transición política en España.

Justo es reconocerlo treinta años después.

(artículo publicado en laRepublica.es)

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